
Tampa Bay aseguró noventa y ocho victorias y avanzó a la Serie Divisional de la Liga Americana, impulsado por la producción en la parte alta del orden al bate, la presión de la alineación, un pitcheo eficaz y una fuerte cohesión en el clubhouse. La gerencia y los jugadores destacaron cómo una cultura de equipo unificada, resaltada por salidas sociales y apoyo mutuo desde los entrenamientos de primavera, contribuyó directamente a su éxito en el terreno de juego.
