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Los Baltimore Ravens se enfrentan a una encrucijada crítica tras la última lesión de Lamar Jackson, que descarriló su regreso tras un esguince de tobillo alto y lo obligó a entrar en la lista de lesionados tras una derrota de 36-10 ante los Buffalo Bills. La lesión en el pulgar sufrida en su primer pase del partido marca la segunda temporada consecutiva en la que Jackson es apartado de las canchas temprano, y su ausencia expodía la vulnerabilidad de los Ravens: este año, tienen un récord de 1-3 en los partidos sin él, un marcado contraste con sus actuaciones de nivel MVP cuando está sano.
La franquicia ahora se cuestiona si una extensión de contrato a largo plazo y de alto valor (potencialmente de más de $300 millones) es sostenible, dada su historia de lesiones recurrentes y su efectividad disminuida en 2023, cuando Baltimore fue 5-4 en sus últimos nueve partidos como titular, perdiendo su impulso hacia los playoffs. Con Jackson cumpliendo 29 años y sin señales de que las tendencias de lesiones mejoren, el gerente general Eric DeCosta debe sopesar si invertir en su futuro o comenzar a prepararse para una era post-Jackson, posiblemente preparando a un sucesor mientras evalúa opciones de intercambio antes de que su contrato expire en 2027.
