La India experimentó un cambio significativo en su distribución de medallas tras las competiciones de Aichi-Nagoya, logrando retener con éxito solo ocho de las veintiocho medallas de oro conseguidas previamente en Hangzhou, mientras vio cómo veinte títulos pasaban a manos de otros competidores. Los pilares tradicionales del éxito sufrieron importantes reveses, ya que se esfumaron la totalidad de las siete medallas de oro en tiro y los seis títulos en atletismo.
A pesar de esas pérdidas, el recuento general de medallas se mantuvo gracias a vías alternativas, ya que surgieron trece nuevas medallas de oro en disciplinas en las que la nación había obtenido anteriormente puestos más bajos en el podio o se había quedado sin medallas por completo. Atletas como Pranavi Urs y Lovlina Borgohain pusieron de relieve este panorama competitivo en evolución a medida que el país trazaba nuevos caminos hacia la victoria en diversas disciplinas.
